17 julio 2010 ~ 4 comentarios

Dos leyes, un mismo espíritu

Esta semana, dos leyes han salido a la luz. Se trata de dos leyes diferentes, que aparentemente no se pueden relacionar, pero que tienen un nexo común muy fuerte, creado por las personas que nos gobiernan.

Prohibiting sign

La primera ley, o más bien, intención de ser ley, es la prohibición de vender bollería y refrescos azucarados en los colegios. Fuera las cañas y las cocacolas. Por ley, los colegios no podrán vender este tipo de productos. Algunos dicen que es maravillosa esta ley. Claro, tiene un fin muy loable: evitar la obesidad infantil. ¿Pero acaso la venta de bollería y refrescos en los colegios es la causante de la obesidad infantil? No hay tantos niños obesos como para pensar que la solución está en prohibir la venta de bollería y refrescos en los colegios. Creo la base de la lucha contra la obesidad (infantil y adulta) está precisamente en el colegio, pero en un modo distinto: en la educación. Hay que enseñar a los niños a comer sano, pero no prohibirles comer. Un buena educación alimenticia tendrá mayores efectos positivos que cualquier tipo de prohibición que se pueda instalar. Pero la educación no solo se debe de dar en los niños, también en los padres y en los responsables de los colegios: hay que saber como alimentar a los niños y no atiborrarlos a grasas. Un niño sano que hace deporte y se alimenta correctamente en su casa se puede tomar perfectamente una cocacola en el recreo, mientras luego en la cena no se tome 5 más y un buen plato de salchichas rebosantes de ketchup. Pero al gobierno la única idea que se le ocurre es una: prohibir (claro, es la más sencilla). Nada de educar, enseñar, habituar, trabajar en la alimentación de los más jóvenes desde sus primeros años de vida, no: lo prohibimos y fuera problema (o eso creen ellos, en su suprema ignorancia).

La otra ley, o más bien intención de ser ley, es la obligación en Cataluña de poner en conocimiento de los hijos si son adoptados antes de los 12 años. Tal cual. No sé a qué cabeza pensante del gobierno catalán se le ha ocurrido la maravillosa idea de obligar a los padres a decir a sus hijos que son adoptados. En algunos casos, como en los niños adoptados en países extranjeros, este hecho es más habitual por motivos obvios, pero en el caso de adoptados españoles no se da con tanta frecuencia. Mi opinión personal sobre este tema es que habría que decir a los niños que son adoptados desde edades tempranas, para que aprendan a convivir con ello y no tengan ningún trauma a edades más avanzadas o incluso siendo adultos. Pero de recomendar (tal y como dice la OMS) a obligar hay un paso muy importante. Un gobierno no puede obligar a unos padres a educar a unos hijos en un sentido o en otro. Es inmoral. Pero claro, nuestra clase política es inmoral de por sí.

Queda claro cual es el nexo de unión de las dos leyes: la falta de libertad. En un caso, los niños no tienen libertad para elegir lo que quieren comer y cuando lo quieren comer. En pos de su salud alimentaria se les prohibe comer dulces en los colegios. En el otro caso, los padres carecen de la libertad para elegir si contar o no a sus hijos que son adoptados, y cuando hacerlo. Se les quita ese derecho básico a los padres. Dos leyes, la misma falta de libertad imperante hoy en día. El Gran Hermano estaría orgulloso de nosotros. Ni George Orwell en 1984 habría imaginado una falta de libertad tan palmaria. Ya está bien de que los políticos que nos gobiernan vayan quitando poco a poco nuestra libertad de elección. En una sociedad democrática el máximo bien a defender es la libertad, y a nosotros cada vez nos queda menos.

Foto|姒儿喵喵

4 comentarios en “Dos leyes, un mismo espíritu”

  1. Cronista 17 julio 2010 at 13:51 pm Permalink

    Son dos leyes distintas salidas de dos órganos y formaciones distintas. Comento cada una por separado:
    -Que prohibir la bollería sea un intervencionismo exagerado no estoy de acuerdo. Por supuesto que hay que preocuparse más por la educación, pero no ayuda si al sonar la campana, tras la lección de hábitos saludables de nutrición, se compran un bollicao y tres gominolas. Soy contrario al direccionismo en la edad adulta, pero no cuando hablamos de chavales. Es muy injusto pretender que decidan correctamente por ellos mismos. Todavía se están formando a nivel psicológico -de modo que no podemos esperar que se conviertan en rechazadores de bollería, porque no comprenden la importancia de la salud- y también se forman a nivel físico, de modo que controlar su alimentación es muy importante. Hablamos de quitar los bollicaos de las máquinas del cole y te parece mal, pero ¿no estamos todos de acuerdo con que el menú del mediodía debe ser saludable? ¿Qué ocurriría si los niños tuviesen dos menús para elegir, uno sano y otro lleno de comida grasienta y tentadora? ¿Deberíamos dejarles esa elección, con tal de no convertirnos en “direccionistas”? ¿Deberíamos suprimir también la prohibición del tabaco a los menos 18, y que sea su decisión rechazar los cigarros? ¿Y el porno? ¿También vía libre, aunque pueda ser malo para su desarrollo emotivo? No. A veces hay que prohibir, porque es mejor para unos niños que el día de mañana se van a sentir muy agradecidos con esta ley.

    Lo de los adoptados lo veo más peliagudo. No sé cuál es el criterio para poner la edad en 12 años, pero no me parece mal que se les informe de la adopción. Quizá ha habido muchos prejuicios con ello a lo largo de décadas, pero ¿por qué tiene que ser un tabú el hecho de que el primito X o la sobrina Y sean adoptados? ¿Por qué ocultarlo? Estas cosas se acaban sabiendo, ya sea porque se descubre un papel, porque a alguien se le escapa o el día que papá necesita un transplante de riñón, y lo mejor es que lo sepan cuanto antes. Supongo que la mayoría de los padres preferirán decírselo a sus hijos, y estoy seguro de que en la mayoría de las historias la cosa se trata con naturalidad. Pero no decirlo me parece mal, porque es una verdad lo suficientemente importante como para conocerla. Es la clase de verdad que aunque no se mienta, se miente por omisión.

  2. freshwater 17 julio 2010 at 14:06 pm Permalink

    - No estoy diciendo que los niños elijan, simplemente que los padres elijan. Los padres SÍ tienen la potestad de prohibir, el Estado no (bueno, claro que la tiene, me refiero a moralmente). El “Niño, no comas guarradas en el patio” debe ser el mecanismo correcto.
    Como he dicho, no tiene porqué suponer un mal hábito a todos los niños. El menú en el colegio es un servicio que los padres pagan para que sus hijos coman… bien o mal, eso ya es su decisión. Si el colegio ofreciera el menú grasiento, yo como padre me quejaría o no lo llevaría a ese comedor. Sigue estando en los padres la potestad para decidir qué comen sus hijos, siendo esta comida buena o mala, eso entra dentro de la responsabilidad de cada padre (que si no es ejercida, hay mecanismos correctores). El tabaco no es el equivalente porque daña a la salud en cualquier caso, no así una cocacola en el recreo. Y sobre el porno… bueno, no veo el grandísimo daño a su desarrollo emotivo, la verdad.

    - Sí, estamos de acuerdo, ya he dicho en el post que yo también opino que es necesario decirlo… ¿pero obligar a ello? ¿En que país vivimos donde no se tiene la libertad ni para decir a sus propios hijos si es adoptado o no? Y ya no me quiero ni imaginar como comprobaran a los 12 años si lo saben o no… ¿asistentes sociales por las casas que pregunten a los niños y se lo cuenten si no lo saben? Terrorífico, la verdad.

  3. educantabro 19 julio 2010 at 9:22 am Permalink

    El totalitarismo ya ha vendido. /
    Nadie sabe como ha sido. /
    ¿O si?.


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