Con cierto retraso, pero con el mismo entusiasmo que el resto de la blogosfera, aquí está mi crítica de ‘Avatar’ para que los hijos de mis hijos tengan el orgullo de decir: “Sí, mi abuelo fue a ver ‘Avatar’ cuando la estrenaron… ¡y en 3D!”. Y es que, efectivamente, ‘Avatar’ ha pasado a formar parte de la historia del cine por méritos propios. Algunos se estarán llevando las manos a la cabeza ante tal afirmación, pero para algo escribo esta crítica. La película tiene dos partes analizables muy bien diferenciadas y que han hecho correr píxeles de tinta por internet: efectos especiales y argumento.

Y afrontémoslo, el argumento es más simple que el mecanismo de un chupete. A+A=2A, y no hay más misterio. Previsible, sin giros extraños y sin nada que sobre, pero quizá sí con algo que falte. Quizá ese ‘algo’ es una mayor identificación con los personajes ya que las escenas son de tanta intensidad y con tanto ritmo que no llegas a pararte y a pensar con qué personaje empatizas más. Y esto, para mi, es el mayor defecto de la película. Al fin y al cabo un guión simple no significa que sea un mal guión. No hacen falta las virguerías narrativas para hacer una película que te atrape de principio a fin, pero sí el sentirse identificado con alguien dentro de la pantalla. A una película de semejante magnitud le habría venido bien un guión más elaborado que permitiera el éxtasis absoluto sobre una butaca de cine.

Pero el argumento y el guión quedan totalmente tapados y olvidados debido a la calidad visual de la película. Gracias a esto va a entrar en la historia del cine como la película con la que empezó a hacerse cine digital. Y ese es su gran avance, la posibilidad de que los actores sigan haciendo su papel en un entorno completamente digital y que además siga pareciendo completamente real. Esto abre la posibilidad a infinidad de películas que utilicen esta técnica para hacer algo grande y que de verdad haga palidecer a las grandes producciones de hace unos pocos años, algo que ya ha hecho ‘Avatar’. Por otra parte, la película en conjunto es una auténtica poesía visual: colores, formas, texturas y elementos salidos de la imaginación de James Cameron que hacen de la película una experiencia casi extrasensorial y por la que merece la pena pagar los 9 o 10 euros que vale el verla en 3D. Porque en ‘Avatar’ el 3D es parte fundamental de la película. Para poder disfrutar de ‘Avatar’ en toda su plenitud es necesario verla en 3D ya que fue pensada y creada para ello. Sin 3D se pierde parte de la magia y en vez de tener a Neruda recitando poesía, nos encontraríamos con Boris Izaguirre declinando versos.

Tengo la certeza de que ‘Avatar’ se convertirá a no mucho tardar en una trilogía. Y será de esas recordadas por los siglos de los siglos, a la altura de ‘Star Wars’ o de ‘El Señor de los Anillos’. La capacidad técnica que ha demostrado esta película es digna de secuelas y hasta precuelas. Y el mundo creado por James Cameron con su idioma, flora y fauna, y demás elementos salidos de su mente que conforman un universo perfecto, es digno de entrar a formar parte del imaginario colectivo.

Vista ‘Avatar’, tengo fe en lo que James Cameron nos pueda deparar en el futuro. Habrá tomado nota de las críticas, de los fallos y de los errores de la película y esperemos que las siguientes entregas sean capaces de corregir todo esto. Porque en cuánto lo corrija… oh, en cuánto lo corrija… Quizá hablaremos de La Película. Con mayúsculas.

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