Por mucho que algunas se empeñen, desgraciadamente, no se puede. Algunas no solo reniegan de sus padres, si no que mienten descaradamente con tal de intentar maquillar el pasado. Pero la memoria es tozuda, y las hemerotecas más. Hablo, claro está, de nuestra querida Vicepresidenta, doña María Teresa Fernández de la Vega.

Primero dijo que su padre, don Wenceslao Fernández de la Vega Lombán, no fue un ‘alto funcionario’ del franquismo, si no que fue un ‘represaliado’. Mentira. Pura y dura mentira. Fue nombrado Delegado Provincial de Trabajo de 2ª categoría de Albacete, posteriormente se le depuró (es decir, se le apartó del cargo) y se le volvió a rehabilitar como Delegado Provincial de Trabajo de Zaragoza.

Pero hay más. Fue condecorado por Franco con la Órden del Mérito en el Trabajo en Categoría de Plata con ramas de Roble en 1971. No es que no fuera un represaliado, ¡es que hasta fue condecorado! Incluso en su esquela aparece dicho reconocimiento.

Señora Fernández de la Vega, deje de mentir. Lo más fácil hubiera sido decir aquello de ‘yo y mi padre somos personas distintas y no tengo nada que ver con lo que hizo él’. Pero no, nuestra Vicepresidenta optó por mentir. Deje de intentar cambiar el pasado. Es imposible.

PD: Descanse en paz don Wenceslao Fernández de la Vega Lombán, que el pobre no tiene culpa de nada y seguramente se volvería a su tumba de ver el trato que le dispensa su propia hija.

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