Ayer me desperté con la noticia de una misteriosa explosión de una furgoneta en el pueblo castellonense de Les Coves de Vinromà. Más tarde se confirmaron todas las sospechas: la furgoneta era de ETA.

No sabemos que pasó para que la hicieran explotar en medio del monte, probablemente se encontraran con un control policial, o algo similar. En cualquier caso, el objetivo era bastante claro: sembrar el terror en la Comunidad Valenciana. No sabemos dónde iban a colocar la furgoneta. La lógica dice que en una localidad costera, pero quién sabe si en Castellón, en Valencia o en Alicante.

Pero yo no tengo miedo. Nadie debería de tener miedo. Eso es lo que busca el terrorismo por encima de todo: asustar a la gente para que así acaben accediendo a sus pretensiones. Y me niego.

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