04 agosto 2007 ~ 0 comentarios

Parecidos razonablemente dictatoriales

Ayer, primero me encontré esto

Iker Jiménez, presentador del programa ‘Cuarto Milenio’ de TelePolanco (aka Cuatro), dice que en internet “hay contenidos que, en determinadas mentes, son la conjunción química de una bomba de relojería”. ¿Qué pasa Iker, que hay que limitar internet para que nadie ponga en duda tus teorías? En Microsiervos ya te han pillado unas cuantas veces (y las que te quedan). Ciertamente, limitar internet (y más si tu alcanzas el puesto de Sumo Inquisidor), supondría que los “paganos” de tu religión cerraran sus bocas y no cuestionaran tus “himbestigaciones” (como bien dicen los Microsiervos).

Por otro lado, ayer vi en El Blog de Enrique Dans, este post, donde E. Dans nos cuenta que el dictador de Bielorrusia, Lukashenko, ha pedido que se limite internet ya que “es un enorme altavoz , no sólo de la oposición, sino de voces hostiles a nosotros, de estados hostiles”. Claro, es lo que tiene internet: es la forma óptima de la democracia, la auténtica y verdadera libertad de expresión. Evidentemente, a un dictador eso no le gusta demasiado: mejor sin internet, así podré controlar las mentes de mis súbditos creando un Matrix dónde todos estén teledirigidos.

Pero es que hay más. Leí el otro días, a través de este post de E. Dans, que Elton John quiere tirar abajo internet (bueno, solo cerrarlo por cinco años). Según él “esperemos que el próximo movimiento en el mundo de la música tire abajo al internet. Salgamos a las calles, marchemos, y hagamos protestas, en lugar de sentarnos en casa y meternos en los blogs”. La excusa para él está clara: internet daña a la música. No, Sir Elton. En todo caso, internet daña a tu bolsillo (que es lo que más escuece), no a la música. Mientras Elton consigue montar una manifestación, se forra vendiendo sus canciones y discos por iTunes y sigue teniendo página web.

Tres ejemplos de gente a la que no le interesa la verdadera diversidad de internet, donde todo el mundo puede opinar y criticar, donde no hay nadie mejor que otro, donde la democracia ha alcanzado su máxima expresión.

Deja un comentario